AMA ELURRA ha sido visitado (veces)

jueves, 15 de octubre de 2009

Viajes

Sensaciones de viaje, con el interés que despierta en mi el mero pensamiento de partir de mi residencia habitual, no porque me encuentre incómodo en ella, pero sí por la necesidad de sentirme libre, de ver mis sentidos completos de paisajes, de respirar un aire distinto, que imagino más limpio, encontrarme con otros modos de hacer, casi siempre más reposados que los aquí aguanto, y vivir sin una agenda preestablecida. Ya sabemos que aquellas tareas impuestas se hacen con mala gana por el ser humano, mientras que si las mismas se llevan al ritmo que uno desea y además han sido elegidas por sí mismo, descubres que tus capacidades crecen y el disfrute es inmenso.

Estos días pasados, mi mujer me regaló, de nuevo, una revista de viajes, que no nombraré por evitar publicidad pero que de nuevo despertó en mí unas enormes ganas de salir corriendo. Las fotos y comentarios que recoge la revista son fabulosos y me hacen revivir visitas a pueblos del sur de Francia, escondidos en verdes y recoletos valles, entre suaves colinas cuando paseo por el suroeste del citado país, y entre imponentes picos cuando lo hago por departamentos como los Altos Pirineos.

No me considero un gran conversador, a no ser que la conversación tenga un interesante contenido, y así, llevo ahorrando palabras toda mi vida, quizás pecando de tímido o de individuo poco interesante, pero me gusta disfrutar de mis sentimientos y estar muy atento a todo lo que produce en mi interior la contemplación de un grandioso paisaje, sea este una playa extensa del norte de la península, un escondido valle del sur de Francia, la visión de pequeñas granjas de piedra con pequeñas chimeneas humeantes, dispersas en el monte, el descubrimiento de una vista desde una improvisada atalaya, que me dice mejora la visita realizada en meses anteriores. Así, siempre callo, y observo cuidadosamente cada rincón, cada casa, cada montaña, cada personaje que se cruza en mi camino, e intento llenar “mi mochila mental” de esos recuerdos.

Ojalá pueda seguir descubriendo, admirando lugares como los que aquí describo, y que lejos de soñar, doy fe de su existencia, porque el mundo está lleno de escenarios maravillosos, desde una recordada puesta de sol en San Juan de Puerto Rico, hasta mi primer viaje a Estocolmo en el invierno del 96, paseando por lo que descubrí era el cauce de un ancho río helado, y visitando la ciudad de nuevo en verano, disfrutando de una enorme explosión de vida al más puro estilo mediterráneo, sin olvidar lo que para mí ha sido el mayor descubrimiento de mi vida y que es sin lugar a dudas, el Pirineo.

¿Con qué viajes sueño ahora? Pues con más de lo mismo, aunque este verano tuve la fortuna de ampliar horizontes. Sueño con viajes al Valle de Pineta, en visitar su circo glacial en medio de una intensa nevada, en calzarme los esquís y deslizarme por cualquier ladera. Sueño con una visita al pueblo de Arreau, en comer allí una fondue, en pasear junto a su impetuoso río. Sueño con volver al Pont d’Espagne y subir al Lac de Gaube, disfrutando de una soberbia escena de invierno frente al Vignemale, y en volver al Plateau de Saugué, donde los verdes prados cubiertos de flores que disfruté en junio, estén alfombrados de una espesa capa de nieve blanca, en un día despejado, con una visión completa del circo de Gavarnie, colgando del mismo una cascada helada. Sueño con un paseo en una mañana fresca y soleada en las calles de Hondarribia, disfrutando de un txakolí y unos agradables pintxos. Sueño con paseos por Bagnères-de-Bigorre, buscando en mi librería favorita un buen libro de montaña y tradición que despierte mi interés. Sueño con paseos por el pueblo de Sainte-Marie-de-Campan y en una visita a su Iglesia, donde imagino a los pequeños “cagots” arrastrando su vida por el lugar, y siendo los principales artistas de cientos de trabajos en madera que seguro aún persisten en el pueblo. Sueño con llegar a La Mongie, y subir al Col du Tourmalet, donde visitar su restaurante y después de disfrutar de los impresionantes escenarios que el Valle de Bastan nos regala, descender esquiando de nuevo a La Mongie en una nieve insuperable. Sueño con una nevada intensa y temprana, donde mi ilusión y fuerza me acompañe en el objetivo de ser el primero en descender las laderas blancas, espumosas y sin traza aún realizada. Y también sueño con Saint-Jean-Pied-de-Port, el pequeño pueblo que tanto y tan gratamente me sorprendió, por sus pequeñas callejuelas, su bonito río, sus casas blasonadas, sus recomendables restaurantes. ¿Y qué saco en claro de todo esto? ¡Qué no hay nada más recomendable que viajar! ¡Abrir un mapa y descubrir, marcarse un destino y llegar, ya sea en un día o mejor aún, sin calendario planificado!

Porque, una vez leí, en un viaje a Puerto Rico, en una de esas tediosas revistas que las líneas aéreas ponen a nuestro servicio, que lo mejor de un viaje era la vuelta a casa, pero no pensaron que un buen viajero haya elegido “fijar” su residencia en tantos sitios cómo ilusiones se hayan despertado en su corazón. Por todas estas razones, y si Dios nos acompaña, seguiremos viajando, conociendo, disfrutando y descubriendo nuevos sitios donde llevar vidas sencillas, llenas de placer y vida y por qué no, estableciendo nuestros propios y pequeños refugios de disfrute e ilusión.

¡Os animo a empaquetar vuestras maletas, llenar vuestros coches y salir de las grises ciudades en las que parecemos concentrarnos todos!

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